29 de enero de 2012

El honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich Böll.


Antes de que este fin de semana alguien mande a los servicios sociales a mi casa, por desatención de la infancia, informo al respetable de que éste también tiene ciento cuarenta páginas, como el de ayer, así que se lee en media tarde, sí o sí. El propio autor lo califica de "folleto" en el epílogo, puesto que la novela, presentada cual informe judicial, es una denuncia cristalina y directa contra el sensacionalismo  periodístico y relata cómo le arruinan la vida a una muchacha trabajadora y "discreta". Lo que más me ha gustado ha sido la ironía de Böll, en alguna ocasión hasta he sonreído. Fugazmente. Y lo que peor he llevado han sido los saltos temporales, con pértiga, casi, ya que la acción se desarrolla en cuatro días -creo- pero a ratos echaba en falta brújula y sextante para situarme. Aunque puede que la desorientación sea sólo mía y no esté en el libro. Que también. 


Recomendación: a quien quiera pasar la tarde con crítica a la prensa sensacionalista-amarillista-de-todos-los-santos.

28 de enero de 2012

Correr, de Jean Echenoz

Me he quedado en Praga con otro francés, mira que me ha dado fuerte, pero esta vez para conocer la trayectoria del atleta Emil Zátopek. Lo he puesto en biografía por no etiquetarlo en "crónica-biográfica-narrada". Lo que en realidad cuentan estas ciento cuarenta páginas son la vida deportiva del héroe nacional Zátopek. Echenoz lo cuenta bien, todo sea dicho, y con ritmo, porque ha caído entre el café de la sobremesa y la ducha de antes de cenar, pero tampoco he encontrado yo filigranas formales que me hicieran cambiar bruscamente de lado de la almohada  (nótese aquí mi proximidad vocacional con el protagonista), lo cual me ha servido, sin pretenderlo, para darle un

22 de enero de 2012

HHhH, de Laurent Binet

Completamente entregada a esta "especie" de novela histórica que me he fulminado en dos días. A mi tradicional debilidad por el período de la II Guerra Mundial y el Holocausto se añade la historia épica de quienes acabaron con uno de los mayores cabrones que han pisado la faz de la tierra, eso ya puede enganchar a cualquiera; pero es que además Binet realiza la meta-novela histórica, esa en le que se pregunta al acabar una parrafada sobre un protagonista... ¿y yo qué sé si estaba sonriendo o no, o si bostezó... y qué coño importa para la historia?. Esos pensamientos de cajón de madera de pino que hemos cocinado quienes hemos tenido entre los ojos novelas históricas alguna vez. ¿Novelizar la historia: cuánto, cómo, para qué?.

14 de enero de 2012

El ejército furioso, de Fred Vargas

Se nos había perdido un poco en Un lugar incierto, porque la de los pies cortados nos llegó un tanto desdibujada, cargada de demasiada nebulosa adamsbergiana y con rocambolesca conexión familiar-folletinesca. Y de repente aterriza este ejército de ánimas (cada vez que nos vamos a Normandía las novelas de esta mujer ganan, debe de ser el clima, no sé)  y con la excusa de una leyenda medieval la Vargas nos alicata una novela del Comisario Adamsberg de manual, con las dosis de entretenimiento, trama policial, humor y diálogos surrealistas muy bien ajustaditas, si bien esa Tercera virgen sigue campando por sus fueros en lo alto del podio, y no le echa de ahí ni una mesnada de difuntos al galope por los bosques normandos en plena noche de verano. Una vez

8 de enero de 2012

Cosmópolis, de Don DeLillo

Me faltaba cumplir con este otro hombre etiquetado como pilar fundamental de la narrativa actual estadounidense, y lo hice gracias a la bibliotecaria, que me dió el empujón necesario. "Yo ya leo sólo cosas que me dicen algo", dijo ella y vaya si dice DeLillo, el problema es que no estaba yo para estas densidades y me ha costado una riñonada acabarlo. Relata un día en la vida de un multimillonario que cruza Nueva York en su limusina para ir a cortarse el pelo. Y con esos mimbres ataca varios  frentes: la sociedad capitalista, la deshumanización de la gran urbe, la sublimación de la tecnología de los mercados... mucha cosa para tragar con los polvorones. Lo que me más me ha gustado es

29 de diciembre de 2011

La felicidad de los pececillos, de Simon Leys

El azar y una amiga con un gusto infinito han querido que experimente el mayor descubrimiento del año en "no-ficción" el penúltimo día del mismo. Este compendio de artículos son a la lectura lo que una pequeña bandeja de exquisitas y artesanales trufas al paladar. El buen hombre además de poseer el don de la síntesis que tanto admiro cuadra el perfil de humanista contemporáneo tan difícil de encontrar en nuestros días.   Maestro con la muleta de la crítica literaria, el arte, la literatura china, la filosofía y la historia; tiene sentido común (no es H. Bloom) y sabe dejar

25 de diciembre de 2011

Entre cielo y tierra, de Jón Kalman Stefánsson

Quería descubrir a qué sabe la literatura de mi Avalon democrático, por eso llegué a esta alegría de novela: pescadores de principios del S.XX en bote de remos rudimentario que salen a las 4.00 am a pescar bacalao a tiro de piedra del polo norte con tormenta y rezos incluidos.  El primer tercio de libro me ha encantado, aunque con ese panorama y la dicotomía vida-muerte aderezada con el "no somos nada", hay que tener el día inspirado para no batirse en retirada en la página cuatro. Ha sido como viajar a la tierra de hielo en chanclas. El resto de libro cambia completamente de tercio y -directamente-

3 de diciembre de 2011

Una habitación impropia, de Natalia Carrero

Yo entiendo que este libro es un ejercicio literario que pretende revisar, con cinco relatos, la idea fundamental de Una habitación propia (V.Woolf) un siglo más tarde. Y en mi opinión el resultado del experimento es más que digno. A la pregunta de si hemos mejorado contesta ya el título, seguimos sin contar con nuestra propia habitación en el mundo. Inevitablemente algún relato me ha gustado más que otro (el primero quizás es el que más me ha llegado) pero en general se agradece la cantidad de matices que intenta abarcar con todas las historias. Y no escribe nada mal Natalia: cambio de registro, juego con la forma y vuelta al ruedo. Es reconfortante encontrar reflexión y profundidad con humor y

27 de noviembre de 2011

Delirio, de David Grossman

Para delirio el de Lumen, por publicar esta novela a 17.90 € hace dos días y tenerla disponible en Seix Barral junto con otra bajo el título La memoria de la piel por 20€. Que se sepa. Por lo demás Grossman -para mí- escribe de miedo lo que pensamos o describe el pensamiento como nadie, según se prefiera. Se atropella igual, concluye, desvaría, se hunde y se calla como en el anfiteatro de nuestra cabeza. Y para el tema de los celos esta incontinencia narrativa va que ni pintada. Eso sí, hay que cogerlo con ganas, porque tanto desmigar, hurgar y desmenuzar las cavernas del deseo pueden acabar con aquello del sólo sé que no sé nada del asunto.

19 de noviembre de 2011

El bosque, de Harlan Coben

Hacía siglos que no deglutía de esta manera, hasta la madrugada y sin parada de avituallamiento. He devorado a este autor que no conocía en un libro independiente: ni forma parte de una serie del detective Fulanito, el más duro a este lado del Mar del Norte;  ni con segundas, terceras y vigésimo octavas partes. Me ha gustado el ritmo trepidante y cinematográfico de una historia con misterio no resuelto de hace veinte años que vuelve y te pilla de fiscal del condado y con estos pelos. Sólo le pongo el pero del último cuarto de libro, donde a Harlan se le va la mano con los golpes de efecto y en el final saltas de malo en malo como de flor en flor, y la trama termina ya más meneada que las maracas de Machín. Pero bien, vamos. 

Recomendación: a quien guste de novela negra. Entretenimiento y evasión a partes iguales.